Yo soy el
diablo que en tus noches frías te quema con su fuego
Te someto, tomando con fuerza tu cabello
Te entrego
alas sin colgarlas a tu espalda y te doy
vuelo, tú
te elevas, y me llevas de tu mano en un
éxodo que comienza cuando cierro los ojos, viajo lejos y me vuelvo muy pequeño en tu cintura, de
regreso al abrirlos veo tu cara volteada hacia un costado, y tu cabello que
como funda cubre toda la almohada, siento que soy tan grande y tan fuerte que
podrías cabalgarme como una bestia.
Enarbolo la pasión a un espacio muy alto y
justo antes de perder el control, y la censura, deslizo mi mirada hacia tus
pechos estallando la euforia hasta el punto de perder las referencias,
inclusive las nociones.
Corrientes de emociones me pasean por sus prados los cuales
no reconozco, a pesar de haber estado allí pues los visito con frecuencia, estoy
perdido y allí perdido encuentro el camino donde siento que vivo y muero y una vez más respiro
los olores de la playa, aunque mis pies no
están mojados.
Me he dado cuenta que
no estoy a tiempo y me acelero pero vuelvo a la calma cuando tu mano se posa en
mi cabello devolviendo la visión que había perdido, dándome luz como una vela
que alumbra un pedacito en la oscuridad y este pedacito en el que me das luz es
donde siempre quiero estar, es allí donde recupero la fe, y sin armadura me
rindo para ganar la batalla, porque aunque pierda el aliento y te entregue mi
galaxia por un beso, gano tu universo en
la reminiscencia de los instantes que he
estado enganchado a tu cadera.
Giorgio Daza.